Elegía IV ( José Angel Buesa )

Diciembre 8, 2009 at 6:04 pm (Elegías, JoséAngelBuesa)

Me llegas en la brisa y en la espuma
tú, la perdida para siempre…
Tú, la que ennoblecías el sabor del recuerdo,
que ahora llegas más casta y más ausente…

Me llegas en el viento que huele a lejanía,
me llegas en la sal que sabe a muerte
tú, sombra arrinconada en un desierto;
tú, la perdida para siempre….

Ya no sé por qué sordo camino de la ausencia
bajo que estrellas moribundas vienes,
con los pies inseguros llenos de polvo y de rocío
tú, la perdida para siempre…

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Canción Agradecida ( José Angel Buesa )

Diciembre 1, 2009 at 4:37 pm (JoséAngelBuesa, Nocturnos/Baladas/Canciones, Sonetos)

(Que bonito poema nos regala Buesa.)

Gracias, amor, si hiciste que lloviera
en el último instante de este día,
pues, por ser una lluvia triste y fría,
hubo un rayo de sol sobre una hoguera.

Gracias, amor, si tu designio era
que lloviera del modo que llovía
para ofrecerme en una flor tardía
todo el perfume de la primavera.

Gracias, amor, si no la merecía,
gracias, amor, aunque la mereciera;
gracias también por la melancolía.

Que llueve dentro cuando escampa afuera,
y haz que vuelva a llover de esa manera
como llueve en mi alma todavía.

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El Amor Mojado ( José Angel Buesa )

Noviembre 28, 2009 at 4:20 am (JoséAngelBuesa, Poemas)

En mitad de la noche sombría y tempestuosa,
cuando la raza humana sus fatigas reposa,
alguien toca a mi puerta con tímido reclamo.

-”¿Quién me busca a estas horas? – sobresaltado
exclamo-,
Quién perturba el silencio de mis dichas supremas?”

Y una voz me responde: -”Soy un niño; no temas:
Me he extraviado en la noche, y ando errante y
hambriento,
bajo el gélido azote de la lluvia y del viento…”

Y yo, compadecido por la súplica incierta,
prendo fuego a mi lámpara y entreabro la puerta.
Y al instante entra un niño de dorados cabellos,
grandes ojos azules de adorables destellos,
frescos labios purpúreos y mejillas de rosa.
Y entra alegre, ágil, frívolo, como una mariposa…

Bajo el brazo derecho trae un arco potente,
y un gajo de amaranto le enguirnalda la frente;
un haz de agudas flechas en su carcaj asoma,
y en su espalda palpitan dos alas de paloma.

Y al ver su desamparo sentí tal pesadumbre,
que sequé sus cabellos al amor de la lumbre,
entibié sus manitas entre mis manos rudas,
y alisé el terciopelo de sus plantas desnudas.

Poco después, el niño de rosadas mejillas
se sintió confortado, y huyó de mis rodillas.
Curioseó por la estancia con pueril regocijo,
escogió una saeta, tendió el arco, y me dijo:
-”Quiero ver si la lluvia me ha dejado inservible
mi juguete…”
                                      Y al punto lancé un grito terrible,
pues la rígida flecha se me clavó en el pecho !

El falaz diosecillo palmoteó satisfecho,
se echó al hombro la aljaba, me miró sonriente,
clavó en tierra un extremo de su arco inclemente,
y crispando sus manos en la cuerda tirante,
le arrancó cuatro veces un zumbido vibrante.

-”Extranjero: Sonríe …- dijo el niño -. En efecto,
la tensión de mi arco no sufrió desperfecto.
Y en pago a tus bondades, como el más alto don,
perpetuamente herido te dejo el corazón!”.

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Poema del Regreso ( José Angel Buesa )

Noviembre 19, 2009 at 3:48 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

Vengo del fondo oscuro de una noche implacable,
y contemplo los astros con un gesto de asombro.
Al llegar a tu puerta me confieso culpable,
y una paloma blanca se me posa en el hombro.

Mi corazón humilde se detiene en tu puerta,
con la mano extendida como un viejo mendigo;
y tu perro me ladra de alegría en la huerta,
porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo.

Al fin creció el rosal aquel que no crecía
y ahora ofrece sus rosas tras la verja de hierro:
Yo también he cambiado mucho desde aquel día,
pues no tienen estrellas las noches del destierro.

Quizá tu alma está abierta tras la puerta cerrada;
pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo,
mírame dulcemente, sin preguntarme nada,
y sabrás que no he vuelto…porque estaba contigo.

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Dúo de Amor ( José Angel Buesa )

Noviembre 10, 2009 at 8:48 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

DUO DE AMOREn el hondo silencio de la noche serena
se dilata un lejano perfume de azucena
y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa
mi corazón se ensancha como en una sonrisa…

Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo
donde palpita un eco del corazón del mundo,
un corazón inmenso que late no sé donde
pero que oye el latido del mío y me responde.

El corazón que sientes latir en derredor
es un eco del tuyo, que palpita de amor.
El corazón del mundo no es ilusorrio: Existe,
pero para escucharlo es preciso estar triste;

triste de esa tristeza que no tiene motivo
en esta lenta muerte del dolor de estar vivo.
La vida es un rosal cuando el alma se alegra
pero cuando está triste da una cosecha negra.

El amor es un río de luz entre la sombra
y santifica el labio pecador que lo nombra,
sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre
levantando el abismo para trocarlo en cumbre.

Sólo el amor nos salva del dolor de la vida
como una flor que nace de una rama caída;
pues si la primavera da verdor a la rama,
el corazón se llena de aroma, cuando ama.

Amar es triste a veces, más triste todavía
que no amar. El amor no siempre es alegría.
Tal vez por eso mismo es eterno el amor
porque al dejarnos tristes, hace dulce el dolor.

Amar es la tristeza de aprender a morir.
Amar es renacer. No amar, es no vivir.
El amor es a veces lo mismo que una herida
y esa herida nos duele para toda la vida.

Si cierras esa herida tu vida queda muerta,
por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta;
y si un día ella sola se cierra de repente
tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente.

Desdichada alegría que nace del dolor
de un dolor de la rama también nace la flor,
pero de esa flor efímera, como todas, se mustia
y la rama se queda contraída de angustia.

Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja
y así el amor – resumen de toda paradoja-
renace en cada muerte con vida duradera
porque decir amor, es decir primavera.

Primavera del alma, primavera florecida
que deja un misterioso perfume en nuestra vida.
Primavera del alma, de perpetuo esplendor
que convierte en sonrisa la mueca del dolor.

Primavera de ensueño que nos traza un camino
en la intrinca selva donde acecha el destino.
Primavera que canta si el huracán la azota
y que da nuevo aliento tras de cada derrota.

Primavera magnánima cuyo verdor feliz
rejuvenece el árbol seco hasta la raíz…
Amor es la ley divina de plenitud humana
dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana…

Eso es amor, y amando, también la vida es eso :
dos almas que se duermen a la sombra de un beso !

 

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Poema del Pecado ( José Angel Buesa )

Septiembre 7, 2009 at 5:56 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

                         I

-”Vamos, que se hace tarde…”- me dijiste.
Pero yo me quedé mirando el mar,
con el hastío de un pecado triste,
pues no hay nada más triste que un pecado vulgar…

Tú, la mujer ajena.
Yo, el hombre sin ayer.
Ya el mar borró tus pasos en la arena,
pero hay cosas más hondas en un atardecer…

                         II

Yo me pregunto cómo fue el regreso:
Si ya él estaba alli;
si tú, como otras veces, pudiste darle un beso,
y si al besarlo no pensaste en mí….

Y me pregunto lo que habrás sentido
si después,
al quitarte el vestido,
rodó un poco de arena hasta tus pies…

                        III

Ya sé que fue un pecado
triste y vulgar,

pero el viento soplaba de aquel lado
y se llevó el pecado sobre el mar…

Y, al cruzar una acera,
-ladrón de cosas que no tienen fin-,
para pagarte un beso a mi manera
fui cortando las rosas de un jardín…

                         IV

Tal vez mañana,
como hay sueños que han sido y que no son,
tú abrirás como siempre la ventana
y saldrás a esperarlo en el balcón.

Y, como una sorpresa,
como una burla fina y cruel,
colocarás mis flores en la mesa
sin que tiemble tu mano en el mantel…

                        V

Quizás vuelva a la playa,
por andar en la arena, no por ti…
(Ya me dijiste que, aunque yo no vaya,
tú irás todas las tardes por allí…)

Y si nos tienta algún pecado
triste y vulgar,
el viento sopla siempre de aquel lado,
y se lo lleva todo sobre el mar…

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Mi Corazón se Siente Satisfecho ( José Angel Buesa )

Agosto 14, 2009 at 4:18 pm (JoséAngelBuesa, Sonetos)

Mi corazón se siente satisfecho
de haberte amado y nunca poseído:
así tu amor se salva del olvido
igual que mi ternura del despecho.

Jamás te vi desnuda sobre el lecho
no oí tu voz muriéndose en mi oído:
así ese bien fugaz no ha convertido
un ancho amor en un placer estrecho.

Cuando el deleite suma a lo vivido
acrecentado se lo resta el pecho,
pues la ilusión se va por el sentido.

Y, en ese hacer y deshacer lo hecho,
sólo un amor se salva del olvido,
y es el amor que queda insatisfecho.

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Soneto Adolescente ( José Angel Buesa )

Agosto 9, 2009 at 3:07 am (JoséAngelBuesa, Sonetos)

Que dulce, si lloviera de repente…
No sé por qué, porque tú estás lejana,
pero en la soledad de esta mañana
hay algo de tu amor que no está ausente.

Y yo sonrío, extraño adolescente
de ojos cansados y cabeza cana,
yo, que aún puedo asomarme a la ventana
y ver la luna que no ve la gente…

Ah, sí, que dulcemente llovería
con este sol, para olvidar un poco
mi prematura gran pasión tardía…

Y yo cierro los párpados huraños
pensando en ti, yo, extravagante y loco
adolescente de cuarenta años.

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Canción de la Noche Sola ( José Angel Buesa )

Agosto 8, 2009 at 1:34 am (JoséAngelBuesa, Nocturnos/Baladas/Canciones)

                         I

Fue mía una noche. LLegó de repente,
y huyó como el viento, repentinamente.

Alumna curiosa que aprendió el placer,
fue mía una noche. No la he vuelto a ver.

Fue la noche sola de una sola estrella.
Si miro las nubes, después pienso en ella.

Mi amor no la busca; mi amor no la llama:
La flor desprendida no vuelve a la rama,

y las ilusiones son como un espejo
que cuando se empaña pierde su reflejo.

                       II

Fue mía una noche, locamente mía:
Me quema los labios su sed todavía.

Bella como pocas, nunca fue más bella
que soñando el sueño de la noche aquella.

Su amor de una noche sigue siendo mío:
La corriente pasa, pero queda el río;

y si ella es la estrella de una noche sola,
yo he sido en su playa la primera ola.

                      III

Amor de una noche que ignoró el hastío:
Somos las distantes orillas de un río,

entre las que cruza la corriente clara,
y el agua las une, pero las separa.

Amor de una noche: si vuelves un día,
ya no he de sentirte tan loca y tan mía.

Más que la tortura de una herida abierta,
mi amor ama el viento que cierra una puerta.

El amor florece tierra movediza,
y es ley de la llama trocarse en ceniza.

El amor que vuelve, siempre vuelve en vano,
así como un ciego que extiende la mano.

Amor de una noche: qué triste sería
matar el recuerdo de esa noche, un día!

Amor de una noche sin amanecer:
Acaso prefiero no volverte a ver !

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La Vejez de Don Juan (José Angel Buesa )

Julio 31, 2009 at 9:39 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

LA VEJEZ DE DON JUANSí. Don Juan está triste, porque empieza a ser viejo.
Sus sienes ya blanquean y se arruga su frente…
Deliberadamente rompió su último espejo,
pero aún frunce con gracia el entrecejo,
y sabe, como nadie, decir lo que no siente.

Más aún que su espada de acero toledano,
tiene un filo temible su mirada insolente;
y una clara amatista resplandece en su mano,
con un episcopal fulgor mundano,
pero, como su dueño, ya se sabe que miente.

Sí. Don Juan está solo definitivamente:
Ningún beso lo espera; ningún labio lo nombra…
Pero sobre la alfombra su sombra está presente;
y entonces, con un gesto displicente,
Don Juan cruza los brazos… y le miente a su sombra:

Realmente, yo fui un poco
aventurero: Me atraía el mar;
no fui insensible al juego, ni al buen vino tampoco,
y el amor fue un camino por el que supe andar.
Y, siendo un poco audaz y un poco loco,
un día, alegremente, me abandoné al azar.

Y fui marino. Supe de las rachas sonoras
que en los tensos cordajes enredan una ronca sonata;
y en los ponientes de escarlata,
y en la azul placidez de las auroras,
vi palpitar los amplios velámenes de plata,
y me enjoyó de espuma la tajante inquietud de las proas.

Y en las noches serenas, cuando el viento es un cálido encaje
que difunde fragancias de luceros,
comprendí por qué dicen que la muerte es un viaje,
y por qué se prolongan los adioses postreros
en los sordos hervores del oleaje
y en las canciones de los marineros.

Pero en el mar airado o apacible,
y en la canción como en la imprecación,
con las manos crispadas en la jarcia flexible
o en la circunferencia del timón,
mi corazón, mi absurdo corazón,
permaneció impasible.

Y fui guerrero. Y supe reír en la batalla,
con ímpetu invencible y entrecortado aliento,
cuando de súbito restalla
su látigo violento
la metralla,
sembrando de amapolas el elástico surco del viento.

Y supe de la sed que sabe a tierra.
del sol que raja el cráneo, de la lluvia tenaz,
de la fiebre en la jungla, de la asfixia en la sierra,
de la emboscada y del ataque audaz.
Y entonces comprendí por qué la guerra
tiene amargas raíces que alimentan la paz.

Pero en el empujón irresistible
del asalto, al flamear el pabellón,
o al morder las palabras de una orden terrible
entre el hálito acre del cañón,
mi corazón, mi inútil corazón,
permaneció impasible.

Y fui poeta. Hambriento de hermosura,
filtré vagos acordes en la alquimia sutil del poema;
cincelé cada estrofa como una miniatura,
y pulí cada verso cual si fuese una gema,
una gema inmortal de la diadema
de la belleza pura.

En mis recreaciones de orífice sonoro,
dibujé en los misales, como un monje demente,
mayúsculas esbeltas con pájaros de oro;
y, al esculpir la Venus de una fuente,
con el sabio retoque de mi buril paciente
alisé cada grieta y cada poro
hasta dejar el mármol transparente.

Pero al lograr un ritmo imperceptible,
o al apresar el tema de una alegre canción;
o cuando en una frase fue visible
un perfil impreciso de mi imaginación,
mi corazón, mi estéril corazón,
permaneció impasible.

Después…ya no recuerdo. Fui pintor
y fui juglar, y músico,  y fraile, y mercader;
espadachín, tahúr y trovador…
Y todo por amor a la mujer,
sin que nunca encontrara la mujer de mi amor.

Y después, todavía, como algo muy lejano,
recuerdo un brusco cambio de mi suerte:
Ya próximo al patíbulo villano,
la clemencia de un príncipe me salvó de la muerte,
y mis impertinencias me hicieron cortesano.

Las mujeres pasaron, y, una a una,
dejaron solitarios mis festines,
pues fui dueño de todas y esclavo de ninguna;
y besé a una princesa bajo un claro de luna
que esparcía su polvo de plata en los jardines.

Yo amé la boca sabia que extenúa el exceso
y fui de beso en beso tras la boca inexperta.
Pero no amé jamás. Amar no es eso.
El beso es una llave para abrir una puerta,
y yo cerré las puertas con la llave del beso;
y ahora no me ha quedado ninguna puerta abierta.

Pero, tal vez aquella…La tapada
que vi en…ya no recuerdo. La dama iba de prisa,
y un rufián la insultó. Saqué mi espada…
Ella quedó indecisa…
Yo atravesé el rufián de una estocada,
y ella me sonrió, sin decir nada,
y huyó… Sólo vi de ella su sonrisa;
y después su sonrisa huyó en la brisa,
pero dejó la brisa perfumada!

Aunque, de haber besado y poseído
la boca aquella que me sonreía,
hoy fuera en mis recuerdos una calle vacía,
o un contorno de niebla que flotara en mi olvido.

Y ahora, ya se me va la juventud,
mi juventud, que fue por tierra y mar,
ebria de ensueño y loca de inquietud;
y ahora sólo recuerdo lo que quiero olvidar,
y, esclavo de mi propia esclavitud,
me siento solo y necesito amar.

Amar por vez primera, para olvidar mi hastío;
soñar mi último sueño, y volver a empezar…
Pero en vano se exalta mi deseo tardío:
El leño que arde pronto, pronto se queda frío,
y yo ardí en cuerpo y alma, al vivir y al soñar.

Y, sin embargo, a veces, el corazón insiste
en su antigua locura del beso y la mujer,
pero después del beso la boca queda triste,
triste como un camino en el atardecer.

Sólo ansío la gloria de los días serenos.
Si pasan las mujeres, yo las miro pasar
como miran los niños los juguetes ajenos,
pero los niños sonríen con ganas de llorar.

Sí. Yo vencí la vida, sin pensar de qué modo.
Me alcé soberbiamente, con gesto vencedor…
Y hoy me vence la vida, pues, teniéndolo todo,
sé que todo me falta si me falta el amor!

Don Juan calla, y contempla, sobre la roja alfombra,
su sombra, que, sin duda, también cree que él miente.
- Ningún beso lo espera; ningun labio lo nombra…
Y, repentinamente,  da la espalda a su sombra,
y una lágrima empaña su mirada insolente.

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