Poema Cruel ( José Angel Buesa )

abril 16, 2010 at 9:49 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

He empezado cien veces este poema cruel.
Cien veces lo he dejado morir en el papel.
Pero siempre renace bajo las tachaduras
con los ojos malignos, con las manos oscuras.

Me despierta en las noches como un duende perverso,
como una gota de agua, brotando verso a verso.
Me persigue en las calles, me golpea al oído,
y ahora estoy escribiéndolo, para ver si lo olvido.

Es para ti el poema. Y es un poema cruel
por ciertas cosas tuyas que iré diciendo en él,
por todas esas cosas que duran un momento,
que pasan y se olvidan, como el amor y el viento.

Sin embargo, la culpa no fue tuya ni mía.
Fue un viento de hojas secas que soplaba aquel día.
Pero en la pesadumbre de un año y otro año,
te escribo este poema temiendo hacerte daño.

Y, al pensar en las novias que se quedan solteras,
casi preferiría que nunca lo leyeras…
Ya ves que no te acuso. Ya ves que no me quejo.
Y si es cruel mi poema, más cruel será tu espejo.

Tu espejo, el alto espejo, que fue el único amigo
que conoció tus tardes de ir a pasear conmigo,
el único que siempre te decía que sí,
y el único que supo si lloraste por mí…

Tu espejo, que en la gloria que no logró un amante
duplicó tantas veces tu desnudez triunfante
y sabía el secreto final de tu sonrisa
en los viejos domingos de vestirte sin prisa.

Y tu amigo, el espejo, fue un amigo lejano
cuando tu primavera se convirtió en verano
al reflejar tus ojos de mujer sin cariño
y tus labios resecos de no besar a un niño.

El amigo lejano fue un testigo inoportuno
que vio pasar tus días sin amor uno a uno
ya con tu lento paso de mujer olvidada
y una lluvia de otoños lloviendo en tu mirada.

Ah…el otoño de la mujer bonita
que es la viuda de un hombre que no acudió a la cita.
Ver secos los rosales bajo un cielo inclemente
mientras crecen las rosas en la acera de enfrente.

Y así fue que el espejo se empañó una mañana
con tu primera arruga, con tu primera cana
y, al opacarse el brillo de seda de tu piel
ya no te desvestiste nunca más delante de él.

Ah que triste ceniza donde nunca ardió nada
con una fulgente y ardiente llamarada
¡ sí cuántas hojas secas,  cuánto tiempo perdido !
para siempre en la sombra, más allá del olvido.

Comprender de repente que se ha vivido en vano
cuando un copo de espuma se evapora en la mano
y aprender en las noches de no dormir siquiera
que la lluvia no sabe llover de otra manera.

¡ Ah ! pobre amada mía, ya tu boca está triste
de frases que has callado, de besos que no diste.
Y tu vida es inútil, aunque tú no lo digas
como el pozo sin agua y el surco sin espigas.

Eso es todo adorada, yo también estoy viejo
viejo de no olvidarte, viejo como tu espejo.
Y dolorosamente más piadoso que él
terminan los versos de mi poema cruel.

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El Amor Mojado ( José Angel Buesa )

noviembre 28, 2009 at 4:20 am (JoséAngelBuesa, Poemas)

En mitad de la noche sombría y tempestuosa,
cuando la raza humana sus fatigas reposa,
alguien toca a mi puerta con tímido reclamo.

-“¿Quién me busca a estas horas? – sobresaltado
exclamo-,
Quién perturba el silencio de mis dichas supremas?”

Y una voz me responde: -“Soy un niño; no temas:
Me he extraviado en la noche, y ando errante y
hambriento,
bajo el gélido azote de la lluvia y del viento…”

Y yo, compadecido por la súplica incierta,
prendo fuego a mi lámpara y entreabro la puerta.
Y al instante entra un niño de dorados cabellos,
grandes ojos azules de adorables destellos,
frescos labios purpúreos y mejillas de rosa.
Y entra alegre, ágil, frívolo, como una mariposa…

Bajo el brazo derecho trae un arco potente,
y un gajo de amaranto le enguirnalda la frente;
un haz de agudas flechas en su carcaj asoma,
y en su espalda palpitan dos alas de paloma.

Y al ver su desamparo sentí tal pesadumbre,
que sequé sus cabellos al amor de la lumbre,
entibié sus manitas entre mis manos rudas,
y alisé el terciopelo de sus plantas desnudas.

Poco después, el niño de rosadas mejillas
se sintió confortado, y huyó de mis rodillas.
Curioseó por la estancia con pueril regocijo,
escogió una saeta, tendió el arco, y me dijo:
-“Quiero ver si la lluvia me ha dejado inservible
mi juguete…”
                                      Y al punto lancé un grito terrible,
pues la rígida flecha se me clavó en el pecho !

El falaz diosecillo palmoteó satisfecho,
se echó al hombro la aljaba, me miró sonriente,
clavó en tierra un extremo de su arco inclemente,
y crispando sus manos en la cuerda tirante,
le arrancó cuatro veces un zumbido vibrante.

-“Extranjero: Sonríe …- dijo el niño -. En efecto,
la tensión de mi arco no sufrió desperfecto.
Y en pago a tus bondades, como el más alto don,
perpetuamente herido te dejo el corazón!”.

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Poema del Regreso ( José Angel Buesa )

noviembre 19, 2009 at 3:48 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

Vengo del fondo oscuro de una noche implacable,
y contemplo los astros con un gesto de asombro.
Al llegar a tu puerta me confieso culpable,
y una paloma blanca se me posa en el hombro.

Mi corazón humilde se detiene en tu puerta,
con la mano extendida como un viejo mendigo;
y tu perro me ladra de alegría en la huerta,
porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo.

Al fin creció el rosal aquel que no crecía
y ahora ofrece sus rosas tras la verja de hierro:
Yo también he cambiado mucho desde aquel día,
pues no tienen estrellas las noches del destierro.

Quizá tu alma está abierta tras la puerta cerrada;
pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo,
mírame dulcemente, sin preguntarme nada,
y sabrás que no he vuelto…porque estaba contigo.

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Dúo de Amor ( José Angel Buesa )

noviembre 10, 2009 at 8:48 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

DUO DE AMOREn el hondo silencio de la noche serena
se dilata un lejano perfume de azucena
y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa
mi corazón se ensancha como en una sonrisa…

Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo
donde palpita un eco del corazón del mundo,
un corazón inmenso que late no sé donde
pero que oye el latido del mío y me responde.

El corazón que sientes latir en derredor
es un eco del tuyo, que palpita de amor.
El corazón del mundo no es ilusorrio: Existe,
pero para escucharlo es preciso estar triste;

triste de esa tristeza que no tiene motivo
en esta lenta muerte del dolor de estar vivo.
La vida es un rosal cuando el alma se alegra
pero cuando está triste da una cosecha negra.

El amor es un río de luz entre la sombra
y santifica el labio pecador que lo nombra,
sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre
levantando el abismo para trocarlo en cumbre.

Sólo el amor nos salva del dolor de la vida
como una flor que nace de una rama caída;
pues si la primavera da verdor a la rama,
el corazón se llena de aroma, cuando ama.

Amar es triste a veces, más triste todavía
que no amar. El amor no siempre es alegría.
Tal vez por eso mismo es eterno el amor
porque al dejarnos tristes, hace dulce el dolor.

Amar es la tristeza de aprender a morir.
Amar es renacer. No amar, es no vivir.
El amor es a veces lo mismo que una herida
y esa herida nos duele para toda la vida.

Si cierras esa herida tu vida queda muerta,
por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta;
y si un día ella sola se cierra de repente
tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente.

Desdichada alegría que nace del dolor
de un dolor de la rama también nace la flor,
pero de esa flor efímera, como todas, se mustia
y la rama se queda contraída de angustia.

Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja
y así el amor – resumen de toda paradoja-
renace en cada muerte con vida duradera
porque decir amor, es decir primavera.

Primavera del alma, primavera florecida
que deja un misterioso perfume en nuestra vida.
Primavera del alma, de perpetuo esplendor
que convierte en sonrisa la mueca del dolor.

Primavera de ensueño que nos traza un camino
en la intrinca selva donde acecha el destino.
Primavera que canta si el huracán la azota
y que da nuevo aliento tras de cada derrota.

Primavera magnánima cuyo verdor feliz
rejuvenece el árbol seco hasta la raíz…
Amor es la ley divina de plenitud humana
dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana…

Eso es amor, y amando, también la vida es eso :
dos almas que se duermen a la sombra de un beso !

 

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Poema del Pecado ( José Angel Buesa )

septiembre 7, 2009 at 5:56 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

                         I

-“Vamos, que se hace tarde…”- me dijiste.
Pero yo me quedé mirando el mar,
con el hastío de un pecado triste,
pues no hay nada más triste que un pecado vulgar…

Tú, la mujer ajena.
Yo, el hombre sin ayer.
Ya el mar borró tus pasos en la arena,
pero hay cosas más hondas en un atardecer…

                         II

Yo me pregunto cómo fue el regreso:
Si ya él estaba alli;
si tú, como otras veces, pudiste darle un beso,
y si al besarlo no pensaste en mí….

Y me pregunto lo que habrás sentido
si después,
al quitarte el vestido,
rodó un poco de arena hasta tus pies…

                        III

Ya sé que fue un pecado
triste y vulgar,

pero el viento soplaba de aquel lado
y se llevó el pecado sobre el mar…

Y, al cruzar una acera,
-ladrón de cosas que no tienen fin-,
para pagarte un beso a mi manera
fui cortando las rosas de un jardín…

                         IV

Tal vez mañana,
como hay sueños que han sido y que no son,
tú abrirás como siempre la ventana
y saldrás a esperarlo en el balcón.

Y, como una sorpresa,
como una burla fina y cruel,
colocarás mis flores en la mesa
sin que tiemble tu mano en el mantel…

                        V

Quizás vuelva a la playa,
por andar en la arena, no por ti…
(Ya me dijiste que, aunque yo no vaya,
tú irás todas las tardes por allí…)

Y si nos tienta algún pecado
triste y vulgar,
el viento sopla siempre de aquel lado,
y se lo lleva todo sobre el mar…

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La Vejez de Don Juan (José Angel Buesa )

julio 31, 2009 at 9:39 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

LA VEJEZ DE DON JUANSí. Don Juan está triste, porque empieza a ser viejo.
Sus sienes ya blanquean y se arruga su frente…
Deliberadamente rompió su último espejo,
pero aún frunce con gracia el entrecejo,
y sabe, como nadie, decir lo que no siente.

Más aún que su espada de acero toledano,
tiene un filo temible su mirada insolente;
y una clara amatista resplandece en su mano,
con un episcopal fulgor mundano,
pero, como su dueño, ya se sabe que miente.

Sí. Don Juan está solo definitivamente:
Ningún beso lo espera; ningún labio lo nombra…
Pero sobre la alfombra su sombra está presente;
y entonces, con un gesto displicente,
Don Juan cruza los brazos… y le miente a su sombra:

Realmente, yo fui un poco
aventurero: Me atraía el mar;
no fui insensible al juego, ni al buen vino tampoco,
y el amor fue un camino por el que supe andar.
Y, siendo un poco audaz y un poco loco,
un día, alegremente, me abandoné al azar.

Y fui marino. Supe de las rachas sonoras
que en los tensos cordajes enredan una ronca sonata;
y en los ponientes de escarlata,
y en la azul placidez de las auroras,
vi palpitar los amplios velámenes de plata,
y me enjoyó de espuma la tajante inquietud de las proas.

Y en las noches serenas, cuando el viento es un cálido encaje
que difunde fragancias de luceros,
comprendí por qué dicen que la muerte es un viaje,
y por qué se prolongan los adioses postreros
en los sordos hervores del oleaje
y en las canciones de los marineros.

Pero en el mar airado o apacible,
y en la canción como en la imprecación,
con las manos crispadas en la jarcia flexible
o en la circunferencia del timón,
mi corazón, mi absurdo corazón,
permaneció impasible.

Y fui guerrero. Y supe reír en la batalla,
con ímpetu invencible y entrecortado aliento,
cuando de súbito restalla
su látigo violento
la metralla,
sembrando de amapolas el elástico surco del viento.

Y supe de la sed que sabe a tierra.
del sol que raja el cráneo, de la lluvia tenaz,
de la fiebre en la jungla, de la asfixia en la sierra,
de la emboscada y del ataque audaz.
Y entonces comprendí por qué la guerra
tiene amargas raíces que alimentan la paz.

Pero en el empujón irresistible
del asalto, al flamear el pabellón,
o al morder las palabras de una orden terrible
entre el hálito acre del cañón,
mi corazón, mi inútil corazón,
permaneció impasible.

Y fui poeta. Hambriento de hermosura,
filtré vagos acordes en la alquimia sutil del poema;
cincelé cada estrofa como una miniatura,
y pulí cada verso cual si fuese una gema,
una gema inmortal de la diadema
de la belleza pura.

En mis recreaciones de orífice sonoro,
dibujé en los misales, como un monje demente,
mayúsculas esbeltas con pájaros de oro;
y, al esculpir la Venus de una fuente,
con el sabio retoque de mi buril paciente
alisé cada grieta y cada poro
hasta dejar el mármol transparente.

Pero al lograr un ritmo imperceptible,
o al apresar el tema de una alegre canción;
o cuando en una frase fue visible
un perfil impreciso de mi imaginación,
mi corazón, mi estéril corazón,
permaneció impasible.

Después…ya no recuerdo. Fui pintor
y fui juglar, y músico,  y fraile, y mercader;
espadachín, tahúr y trovador…
Y todo por amor a la mujer,
sin que nunca encontrara la mujer de mi amor.

Y después, todavía, como algo muy lejano,
recuerdo un brusco cambio de mi suerte:
Ya próximo al patíbulo villano,
la clemencia de un príncipe me salvó de la muerte,
y mis impertinencias me hicieron cortesano.

Las mujeres pasaron, y, una a una,
dejaron solitarios mis festines,
pues fui dueño de todas y esclavo de ninguna;
y besé a una princesa bajo un claro de luna
que esparcía su polvo de plata en los jardines.

Yo amé la boca sabia que extenúa el exceso
y fui de beso en beso tras la boca inexperta.
Pero no amé jamás. Amar no es eso.
El beso es una llave para abrir una puerta,
y yo cerré las puertas con la llave del beso;
y ahora no me ha quedado ninguna puerta abierta.

Pero, tal vez aquella…La tapada
que vi en…ya no recuerdo. La dama iba de prisa,
y un rufián la insultó. Saqué mi espada…
Ella quedó indecisa…
Yo atravesé el rufián de una estocada,
y ella me sonrió, sin decir nada,
y huyó… Sólo vi de ella su sonrisa;
y después su sonrisa huyó en la brisa,
pero dejó la brisa perfumada!

Aunque, de haber besado y poseído
la boca aquella que me sonreía,
hoy fuera en mis recuerdos una calle vacía,
o un contorno de niebla que flotara en mi olvido.

Y ahora, ya se me va la juventud,
mi juventud, que fue por tierra y mar,
ebria de ensueño y loca de inquietud;
y ahora sólo recuerdo lo que quiero olvidar,
y, esclavo de mi propia esclavitud,
me siento solo y necesito amar.

Amar por vez primera, para olvidar mi hastío;
soñar mi último sueño, y volver a empezar…
Pero en vano se exalta mi deseo tardío:
El leño que arde pronto, pronto se queda frío,
y yo ardí en cuerpo y alma, al vivir y al soñar.

Y, sin embargo, a veces, el corazón insiste
en su antigua locura del beso y la mujer,
pero después del beso la boca queda triste,
triste como un camino en el atardecer.

Sólo ansío la gloria de los días serenos.
Si pasan las mujeres, yo las miro pasar
como miran los niños los juguetes ajenos,
pero los niños sonríen con ganas de llorar.

Sí. Yo vencí la vida, sin pensar de qué modo.
Me alcé soberbiamente, con gesto vencedor…
Y hoy me vence la vida, pues, teniéndolo todo,
sé que todo me falta si me falta el amor!

Don Juan calla, y contempla, sobre la roja alfombra,
su sombra, que, sin duda, también cree que él miente.
– Ningún beso lo espera; ningun labio lo nombra…
Y, repentinamente,  da la espalda a su sombra,
y una lágrima empaña su mirada insolente.

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Monólogo de Casanova ( José Angel Buesa )

marzo 25, 2009 at 5:43 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

Esta noche estoy solo, es primavera, y llueve,
y barajo el recuerdo como un viejo tahúr…
Loco rey de una noche predominante y breve,
sólo he sido la sombra de una nube en la nieve
o el temblor de una espiga bajo el viento del sur.

Amar era mi anhelo, pero amé demasiado.
sin que me engrandeciera jamás un gran amor…
Y ahora están resurgiendo las mujeres que he amado,
melancólicamente, del fondo del pasado,
y yo cierro los ojos, para verlas mejor.

Ellas supieron darme la eternidad de un día,
la gloria de una noche llena de amanecer;
y eran ofrendas vanas que yo no agradecía,
evaporados vinos de una copa vacía
que iba de mano en mano, de mujer en mujer.

Todas fueron princesas en la magia de un cuento;
todas fueron mendigas de un agrio despertar…
Y ahora ya nadie escucha mi acento descontento,
porque soy como un buque batido por el viento,
que se quedó sin velas en la orilla del mar.

Queriendo amar a tantas, quizá no amé a ninguna,
o amaba solamente mi propia juventud;
pues eran, al reclamo de una buena fortuna,
propicio todo instante; toda cita, oportuna;
toda puerta, accesible; frágil toda virtud…

Mi corazón cantaba sobre la primavera,
cuando hasta en las espinas quiere abrirse la flor…
Después se fue apagando mi bujía de cera,
pero tan lentamente como si no supiera
si empezaba una sombra o acababa un fulgor.

Ellas, las que me amaron, supieron de mi olvido;
y ellas, las olvidadas, me olvidaron también.
Y hoy, a veces, me miran como a un desconocido,
como si me miraran buscando un parecido
que les recuerda a alguien, sin recordar a quién.

Usurpador furtivo de caricias ajenas,
ejercité mis besos para la ingratitud.
Y hoy, mercader de espumas, agricultor de arenas,
prófugo delirante que añora sus cadenas,
soy un hombre sin sueños entre la multitud.

Pero si por la gracia de un Dios caritativo
renaciera de pronto la juventud en mí,
yo, esclavo de mi sombra, libertador cautivo,
olvidaría entonces la vida que ahora vivo,
para vivir de nuevo la vida que viví….

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Recapitulación ( José Angel Buesa )

febrero 17, 2009 at 8:54 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

recapitulacionYo he vivido mi vida: si fue larga o fue corta
si fue alegre o fue triste, ya casi no me importa.
Y aquí estoy, esperando. No sé bien lo que espero,
si el amor o la muerte,- lo que pase primero.

Algo tuve algún día, lo perdí de algún modo
y me dará lo mismo cuando lo pierda todo.
Pero no me lamento de mi mala fortuna
pues me queda un palacio de cristal en la luna,
y por andar errante, por vivir el momento
son tan buenos amigos mi corazón y el viento.

Por eso y otras me deja indiferente
aquí, allá y dondequiera, lo que diga la gente.
– ¿Trampas? – Pues sí, hice algunas,
pero mal jugador, yo perdí más que nadie
con mis trampas de amor.

– ¿Pecados? – Sí, aunque leves, de esos que Dios perdona,
porque a pesar de todo Dios no es mala persona.
– ¿Mentiras? – Dije muchas y de bello artificio
pero que en un poeta son cosas del oficio.
Y en los casos dudosos, si hice bien o mal
ya arreglaremos cuentas en el juicio final.

Eso es todo. He vivido.La vida que me queda
puede tener dos caras, igual que una moneda:
Una que es de oro puro – la cara del pasado-
y otra – la del presente – que es de plomo dorado.

Por lo demás, ya es tarde, pero no tengo prisa
y esperaré la muerte con mi mejor sonrisa,
y seguiré viviendo de la misma manera
que es vivir cada instante como  una vida entera,
mientras siguen andando, de un modo parecido,
los hombres con el tiempo y el tiempo hacia el olvido.

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Poema Crepuscular ( José Angel Buesa )

febrero 12, 2009 at 10:33 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

En el recogimiento de la tarde que muere,
entre las imprecisas brumas crepusculares,
cada jirón de sombras cobra vida, y sugiere
vaporosas siluetas familiares.

En la brisa que pasa, parece que suspira
la virgen de ojos claros que aún sueña en mi regreso;
el rumor de las frondas abre el ala de un beso,
y desde aquella estrella, alguien me mira…

Allá, entre la alameda, se perfila la sombra
grácil de la mujer que amé más en la vida,
y en la voz de la fuente vibra una voz querida,
que en su canción de oro y cristal me nombra…

Todo canta, a esa hora, la canción olvidada,
todo sueña el ensueño que quedó trunco un día,
y verdece de nuevo la ilusión agostada,
ebria de fe, de ardor y de armonía…

Y entre la sutil bruma de prestigios de incienso
que exalta mis recuerdos y mi melancolía,
en la paz de este parque abandonado, pienso
en la mujer que nunca será mía….

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Tercer Poema del Río ( José Angel Buesa )

enero 22, 2009 at 2:24 am (JoséAngelBuesa, Poemas)

tercer-poema-del-rioEl agua del río pasaba indolente
reflejando noches y arrastrando días…
Tú, desnuda en la fresca corriente,
reías…

Yo te contemplaba desde la ribera
tendido a la sombra de un árbol sonoro
y resplandecía tu áurea cabellera
desatada en el agua ligera
como un remolino de espuma de oro…

Y pasaban las nubes errantes
mientras tú te erguías bajo el sol de estío
con los blancos hombros llenos de diamantes
en la rumorosa caricia del río.

Y tú te reías…
y mirando mis manos vacías
pensé en tantas cosas que ya fueron mías
y que se me han ido, como tú te irás.

Y tendí mis brazos hacia la corriente,
hacia la corriente cantarina y clara
porque tuve miedo, repentinamente
de que el agua feliz te arrastrara.

Y ya no reías
bajo el sol de estío,
ni resplandecías de oro y de rocío
y saliste corriendo del río
y llenaste mis manos vacías…

Y al sentir tu cuerpo tan cerca y tan mío,
al vivir en tu amor un instante
más allá del placer y del hastío,
vi pasar la sombra de una nube errante,
de una nube fugaz sobre el río…

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