Canción Agradecida ( José Angel Buesa )

diciembre 1, 2009 at 4:37 pm (JoséAngelBuesa, Nocturnos/Baladas/Canciones, Sonetos)

(Que bonito poema nos regala Buesa.)

Gracias, amor, si hiciste que lloviera
en el último instante de este día,
pues, por ser una lluvia triste y fría,
hubo un rayo de sol sobre una hoguera.

Gracias, amor, si tu designio era
que lloviera del modo que llovía
para ofrecerme en una flor tardía
todo el perfume de la primavera.

Gracias, amor, si no la merecía,
gracias, amor, aunque la mereciera;
gracias también por la melancolía.

Que llueve dentro cuando escampa afuera,
y haz que vuelva a llover de esa manera
como llueve en mi alma todavía.

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Mi Corazón se Siente Satisfecho ( José Angel Buesa )

agosto 14, 2009 at 4:18 pm (JoséAngelBuesa, Sonetos)

Mi corazón se siente satisfecho
de haberte amado y nunca poseído:
así tu amor se salva del olvido
igual que mi ternura del despecho.

Jamás te vi desnuda sobre el lecho
no oí tu voz muriéndose en mi oído:
así ese bien fugaz no ha convertido
un ancho amor en un placer estrecho.

Cuando el deleite suma a lo vivido
acrecentado se lo resta el pecho,
pues la ilusión se va por el sentido.

Y, en ese hacer y deshacer lo hecho,
sólo un amor se salva del olvido,
y es el amor que queda insatisfecho.

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Soneto Adolescente ( José Angel Buesa )

agosto 9, 2009 at 3:07 am (JoséAngelBuesa, Sonetos)

Que dulce, si lloviera de repente…
No sé por qué, porque tú estás lejana,
pero en la soledad de esta mañana
hay algo de tu amor que no está ausente.

Y yo sonrío, extraño adolescente
de ojos cansados y cabeza cana,
yo, que aún puedo asomarme a la ventana
y ver la luna que no ve la gente…

Ah, sí, que dulcemente llovería
con este sol, para olvidar un poco
mi prematura gran pasión tardía…

Y yo cierro los párpados huraños
pensando en ti, yo, extravagante y loco
adolescente de cuarenta años.

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Soneto Lloviendo (José Angel Buesa)

diciembre 14, 2008 at 3:30 pm (JoséAngelBuesa, Sonetos)

soneto-lloviendoNo hace falta que llueva como llueve este día,
y, sin embargo, llueve desde el amanecer.
Si hay rosas y retoños, ¿para qué llovería?
Si ya todo florece, ¿qué más va a florecer?

Llueve obstinadamente y en la calle vacía
las gotas de la lluvia son pasos de mujer.
Pero cierro los ojos y llueve todavía
y al abrirlos de nuevo no deja de llover.

Yo sé que no hace falta que llueva, pero llueve.
Y recuerdo una tarde maravillosa y breve,
que fue maravillosa porque llovía así…

Y es tan triste, tan triste, la lluvia en mi ventana,
que casi me pregunto, dulce amiga lejana,
si no estará lloviendo para que piense en ti.

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Madrigal (José Angel Buesa)

noviembre 25, 2008 at 4:43 pm (JoséAngelBuesa, Sonetos)

En el pequeño ramo de azucenas
una azucena más era tu mano,
en el ramaje azul de cuyas venas
vibraba el ritmo de un cantar lejano…

Y al redor de tu mano, prisionera
entre aromas y pétalos de nieve,
grácil volaba con un giro leve
la mariposa azul de la quimera…

Y mis labios, ansiosos de azucenas,
buscaron la azucena más hermosa,
dejando en ella un ósculo pagano….

Y besé una azucena temblorosa,
con un ramaje de azuladas venas,
¡la azucena de nácar de tu mano!…

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Soneto Para un Reproche (José Angel Buesa)

noviembre 21, 2008 at 1:55 am (JoséAngelBuesa, Sonetos)

Yo no sé si tú esperas todavía
el gran amor con que soñaste en vano,
que era un pozo en la tarde de verano
y era la sed que el pozo calmaría.

Yo sólo sé que estuvo cerca un día,
cuando tú lo creíste más lejano
y fue una llama que se heló en tu mano
al separar tu mano de la mía.

Así fue: poca cosa en el olvido
como el viento que llega y ya se ha ido
o la rama partida sin dar flor;

pero no es culpa mía si tú hiciste
una cosa vulgar, pequeña y triste
de lo que puedo ser un gran amor.

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Los Navegantes (José Angel Buesa)

noviembre 11, 2008 at 8:15 pm (JoséAngelBuesa, Sonetos)

Los navegantes se bambolean sobre las rutas
que en los inéditos mares rubrican las carabelas.
Las cuerdas vibran ante las ráfagas que hinchan las velas,
y el agua ruge cuando entreabre sus hondas grutas.

Gajos que muestran púrpuras y otros de extrañas frutas
prometen costas donde el inicio de sus estelas.
Cual roncos órganos, truenan las olas sus cantinelas,
peinando en tanto sus cabelleras verdes e hirsutas.

De su invisible coro de liras y de violines
la brisa aclara las voces tímidas en los confines
donde la niebla teje su espesa malla inquietante.

Las naves pasan, como un desfile de solitarios
que aún exorcizan los espectros de los corsarios
sobre la ruta que trazó a siglos el Almirante!…

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Símil del Arbol (José Angel Buesa)

octubre 29, 2008 at 5:12 pm (JoséAngelBuesa, Sonetos)

Arbol ya largamente florecido
con el tronco tatuado de iniciales,
lo dejaron en pie los vendavales
sin una hoja, ni una flor, ni un nido.

Igual que un corazón envejecido
que aún palpita, sin bienes y sin males,
lleno de sal, como los litorales
con fatiga de amor y sed de olvido.

Pero en el árbol se detuvo un día
para cantar, un pájaro viajero
y el tronco aquel sintió que florecía…

como florece un corazón huraño
para después sentir que le hace daño
la flor tardía de su amor postrero.

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Soneto – de Félix Arvers (José Angel Buesa)

octubre 27, 2008 at 10:51 pm (JoséAngelBuesa, Sonetos)

Nadie conoce mi amor secreto:                                  
no lo conoce ni quien lo inspira,
y es tan humilde que a nada aspira,
pues su constancia no tiene objeto.

Mi amor se escuda tras mi respeto:
respiro el aire que ella respira,
y ella me habla y ella me mira,
sin que descubra mi amor discreto.

Porque, entre el coro de la alabanza
que se prolonga sobre su huella,
mi amor suspira sin esperanza;

y tanto ignora mis sueños vanos,
que si estos versos van a sus manos,
tal vez pregunte: “¿Quién será ella?”

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La Copa de Diamante (José Angel Buesa)

octubre 27, 2008 at 2:37 am (JoséAngelBuesa, Sonetos)

Tal vez por un capricho más triste que galante
cuente un día una historia que casi no es de amor.
Tal vez estés ausente, o acaso estés delante
pero si estás delante lo contaré mejor.

Diré que hubo una copa tallada de diamante
una flor sin rocío y un blanco surtidor.
Pero aunque se moría de sed un caminante
le negaron el agua para regar la flor.

Como ves es una historia que puede no ser mía
pues habla de un suceso que ocurre cada dia
burlar a un vagabundo, negar una merced.

Pero al fin de este cuento vulgar y cotidiano
tú sentirás la copa de diamante en tu mano
y yo estaré de nuevo muriéndome de sed.

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