La Vejez de Don Juan (José Angel Buesa )

julio 31, 2009 at 9:39 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

LA VEJEZ DE DON JUANSí. Don Juan está triste, porque empieza a ser viejo.
Sus sienes ya blanquean y se arruga su frente…
Deliberadamente rompió su último espejo,
pero aún frunce con gracia el entrecejo,
y sabe, como nadie, decir lo que no siente.

Más aún que su espada de acero toledano,
tiene un filo temible su mirada insolente;
y una clara amatista resplandece en su mano,
con un episcopal fulgor mundano,
pero, como su dueño, ya se sabe que miente.

Sí. Don Juan está solo definitivamente:
Ningún beso lo espera; ningún labio lo nombra…
Pero sobre la alfombra su sombra está presente;
y entonces, con un gesto displicente,
Don Juan cruza los brazos… y le miente a su sombra:

Realmente, yo fui un poco
aventurero: Me atraía el mar;
no fui insensible al juego, ni al buen vino tampoco,
y el amor fue un camino por el que supe andar.
Y, siendo un poco audaz y un poco loco,
un día, alegremente, me abandoné al azar.

Y fui marino. Supe de las rachas sonoras
que en los tensos cordajes enredan una ronca sonata;
y en los ponientes de escarlata,
y en la azul placidez de las auroras,
vi palpitar los amplios velámenes de plata,
y me enjoyó de espuma la tajante inquietud de las proas.

Y en las noches serenas, cuando el viento es un cálido encaje
que difunde fragancias de luceros,
comprendí por qué dicen que la muerte es un viaje,
y por qué se prolongan los adioses postreros
en los sordos hervores del oleaje
y en las canciones de los marineros.

Pero en el mar airado o apacible,
y en la canción como en la imprecación,
con las manos crispadas en la jarcia flexible
o en la circunferencia del timón,
mi corazón, mi absurdo corazón,
permaneció impasible.

Y fui guerrero. Y supe reír en la batalla,
con ímpetu invencible y entrecortado aliento,
cuando de súbito restalla
su látigo violento
la metralla,
sembrando de amapolas el elástico surco del viento.

Y supe de la sed que sabe a tierra.
del sol que raja el cráneo, de la lluvia tenaz,
de la fiebre en la jungla, de la asfixia en la sierra,
de la emboscada y del ataque audaz.
Y entonces comprendí por qué la guerra
tiene amargas raíces que alimentan la paz.

Pero en el empujón irresistible
del asalto, al flamear el pabellón,
o al morder las palabras de una orden terrible
entre el hálito acre del cañón,
mi corazón, mi inútil corazón,
permaneció impasible.

Y fui poeta. Hambriento de hermosura,
filtré vagos acordes en la alquimia sutil del poema;
cincelé cada estrofa como una miniatura,
y pulí cada verso cual si fuese una gema,
una gema inmortal de la diadema
de la belleza pura.

En mis recreaciones de orífice sonoro,
dibujé en los misales, como un monje demente,
mayúsculas esbeltas con pájaros de oro;
y, al esculpir la Venus de una fuente,
con el sabio retoque de mi buril paciente
alisé cada grieta y cada poro
hasta dejar el mármol transparente.

Pero al lograr un ritmo imperceptible,
o al apresar el tema de una alegre canción;
o cuando en una frase fue visible
un perfil impreciso de mi imaginación,
mi corazón, mi estéril corazón,
permaneció impasible.

Después…ya no recuerdo. Fui pintor
y fui juglar, y músico,  y fraile, y mercader;
espadachín, tahúr y trovador…
Y todo por amor a la mujer,
sin que nunca encontrara la mujer de mi amor.

Y después, todavía, como algo muy lejano,
recuerdo un brusco cambio de mi suerte:
Ya próximo al patíbulo villano,
la clemencia de un príncipe me salvó de la muerte,
y mis impertinencias me hicieron cortesano.

Las mujeres pasaron, y, una a una,
dejaron solitarios mis festines,
pues fui dueño de todas y esclavo de ninguna;
y besé a una princesa bajo un claro de luna
que esparcía su polvo de plata en los jardines.

Yo amé la boca sabia que extenúa el exceso
y fui de beso en beso tras la boca inexperta.
Pero no amé jamás. Amar no es eso.
El beso es una llave para abrir una puerta,
y yo cerré las puertas con la llave del beso;
y ahora no me ha quedado ninguna puerta abierta.

Pero, tal vez aquella…La tapada
que vi en…ya no recuerdo. La dama iba de prisa,
y un rufián la insultó. Saqué mi espada…
Ella quedó indecisa…
Yo atravesé el rufián de una estocada,
y ella me sonrió, sin decir nada,
y huyó… Sólo vi de ella su sonrisa;
y después su sonrisa huyó en la brisa,
pero dejó la brisa perfumada!

Aunque, de haber besado y poseído
la boca aquella que me sonreía,
hoy fuera en mis recuerdos una calle vacía,
o un contorno de niebla que flotara en mi olvido.

Y ahora, ya se me va la juventud,
mi juventud, que fue por tierra y mar,
ebria de ensueño y loca de inquietud;
y ahora sólo recuerdo lo que quiero olvidar,
y, esclavo de mi propia esclavitud,
me siento solo y necesito amar.

Amar por vez primera, para olvidar mi hastío;
soñar mi último sueño, y volver a empezar…
Pero en vano se exalta mi deseo tardío:
El leño que arde pronto, pronto se queda frío,
y yo ardí en cuerpo y alma, al vivir y al soñar.

Y, sin embargo, a veces, el corazón insiste
en su antigua locura del beso y la mujer,
pero después del beso la boca queda triste,
triste como un camino en el atardecer.

Sólo ansío la gloria de los días serenos.
Si pasan las mujeres, yo las miro pasar
como miran los niños los juguetes ajenos,
pero los niños sonríen con ganas de llorar.

Sí. Yo vencí la vida, sin pensar de qué modo.
Me alcé soberbiamente, con gesto vencedor…
Y hoy me vence la vida, pues, teniéndolo todo,
sé que todo me falta si me falta el amor!

Don Juan calla, y contempla, sobre la roja alfombra,
su sombra, que, sin duda, también cree que él miente.
– Ningún beso lo espera; ningun labio lo nombra…
Y, repentinamente,  da la espalda a su sombra,
y una lágrima empaña su mirada insolente.

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Monólogo de Casanova ( José Angel Buesa )

marzo 25, 2009 at 5:43 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

Esta noche estoy solo, es primavera, y llueve,
y barajo el recuerdo como un viejo tahúr…
Loco rey de una noche predominante y breve,
sólo he sido la sombra de una nube en la nieve
o el temblor de una espiga bajo el viento del sur.

Amar era mi anhelo, pero amé demasiado.
sin que me engrandeciera jamás un gran amor…
Y ahora están resurgiendo las mujeres que he amado,
melancólicamente, del fondo del pasado,
y yo cierro los ojos, para verlas mejor.

Ellas supieron darme la eternidad de un día,
la gloria de una noche llena de amanecer;
y eran ofrendas vanas que yo no agradecía,
evaporados vinos de una copa vacía
que iba de mano en mano, de mujer en mujer.

Todas fueron princesas en la magia de un cuento;
todas fueron mendigas de un agrio despertar…
Y ahora ya nadie escucha mi acento descontento,
porque soy como un buque batido por el viento,
que se quedó sin velas en la orilla del mar.

Queriendo amar a tantas, quizá no amé a ninguna,
o amaba solamente mi propia juventud;
pues eran, al reclamo de una buena fortuna,
propicio todo instante; toda cita, oportuna;
toda puerta, accesible; frágil toda virtud…

Mi corazón cantaba sobre la primavera,
cuando hasta en las espinas quiere abrirse la flor…
Después se fue apagando mi bujía de cera,
pero tan lentamente como si no supiera
si empezaba una sombra o acababa un fulgor.

Ellas, las que me amaron, supieron de mi olvido;
y ellas, las olvidadas, me olvidaron también.
Y hoy, a veces, me miran como a un desconocido,
como si me miraran buscando un parecido
que les recuerda a alguien, sin recordar a quién.

Usurpador furtivo de caricias ajenas,
ejercité mis besos para la ingratitud.
Y hoy, mercader de espumas, agricultor de arenas,
prófugo delirante que añora sus cadenas,
soy un hombre sin sueños entre la multitud.

Pero si por la gracia de un Dios caritativo
renaciera de pronto la juventud en mí,
yo, esclavo de mi sombra, libertador cautivo,
olvidaría entonces la vida que ahora vivo,
para vivir de nuevo la vida que viví….

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Recapitulación ( José Angel Buesa )

febrero 17, 2009 at 8:54 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

recapitulacionYo he vivido mi vida: si fue larga o fue corta
si fue alegre o fue triste, ya casi no me importa.
Y aquí estoy, esperando. No sé bien lo que espero,
si el amor o la muerte,- lo que pase primero.

Algo tuve algún día, lo perdí de algún modo
y me dará lo mismo cuando lo pierda todo.
Pero no me lamento de mi mala fortuna
pues me queda un palacio de cristal en la luna,
y por andar errante, por vivir el momento
son tan buenos amigos mi corazón y el viento.

Por eso y otras me deja indiferente
aquí, allá y dondequiera, lo que diga la gente.
– ¿Trampas? – Pues sí, hice algunas,
pero mal jugador, yo perdí más que nadie
con mis trampas de amor.

– ¿Pecados? – Sí, aunque leves, de esos que Dios perdona,
porque a pesar de todo Dios no es mala persona.
– ¿Mentiras? – Dije muchas y de bello artificio
pero que en un poeta son cosas del oficio.
Y en los casos dudosos, si hice bien o mal
ya arreglaremos cuentas en el juicio final.

Eso es todo. He vivido.La vida que me queda
puede tener dos caras, igual que una moneda:
Una que es de oro puro – la cara del pasado-
y otra – la del presente – que es de plomo dorado.

Por lo demás, ya es tarde, pero no tengo prisa
y esperaré la muerte con mi mejor sonrisa,
y seguiré viviendo de la misma manera
que es vivir cada instante como  una vida entera,
mientras siguen andando, de un modo parecido,
los hombres con el tiempo y el tiempo hacia el olvido.

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Poema Crepuscular ( José Angel Buesa )

febrero 12, 2009 at 10:33 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

En el recogimiento de la tarde que muere,
entre las imprecisas brumas crepusculares,
cada jirón de sombras cobra vida, y sugiere
vaporosas siluetas familiares.

En la brisa que pasa, parece que suspira
la virgen de ojos claros que aún sueña en mi regreso;
el rumor de las frondas abre el ala de un beso,
y desde aquella estrella, alguien me mira…

Allá, entre la alameda, se perfila la sombra
grácil de la mujer que amé más en la vida,
y en la voz de la fuente vibra una voz querida,
que en su canción de oro y cristal me nombra…

Todo canta, a esa hora, la canción olvidada,
todo sueña el ensueño que quedó trunco un día,
y verdece de nuevo la ilusión agostada,
ebria de fe, de ardor y de armonía…

Y entre la sutil bruma de prestigios de incienso
que exalta mis recuerdos y mi melancolía,
en la paz de este parque abandonado, pienso
en la mujer que nunca será mía….

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Canción de un Sueño ( José Angel Buesa )

enero 22, 2009 at 2:47 am (JoséAngelBuesa, Nocturnos/Baladas/Canciones)

cancion-de-un-suenoOtra vez, esta noche, vi tu mano en la mía,
otra vez, esta noche, volví a soñar contigo,
yo, que no soy tu amante ni siquiera tu amigo,
sino un hombre que pasa bajo la luz del día.

Sin embargo, en la sombra donde el tiempo no existe,
se buscan nuestras almas, no sé por qué. Y despierto
vagamente inconforme de que no ha sido cierto,
triste de una tristeza que no llega a ser triste.

Algo ocurre en la noche, pero yo no lo digo:
ni a ti, que nada sabes, ni a ti te diré nada,
pero al mirar tus ojos sabré, por tu mirada,
si  también, esta noche, tú has soñado conmigo.

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Tercer Poema del Río ( José Angel Buesa )

enero 22, 2009 at 2:24 am (JoséAngelBuesa, Poemas)

tercer-poema-del-rioEl agua del río pasaba indolente
reflejando noches y arrastrando días…
Tú, desnuda en la fresca corriente,
reías…

Yo te contemplaba desde la ribera
tendido a la sombra de un árbol sonoro
y resplandecía tu áurea cabellera
desatada en el agua ligera
como un remolino de espuma de oro…

Y pasaban las nubes errantes
mientras tú te erguías bajo el sol de estío
con los blancos hombros llenos de diamantes
en la rumorosa caricia del río.

Y tú te reías…
y mirando mis manos vacías
pensé en tantas cosas que ya fueron mías
y que se me han ido, como tú te irás.

Y tendí mis brazos hacia la corriente,
hacia la corriente cantarina y clara
porque tuve miedo, repentinamente
de que el agua feliz te arrastrara.

Y ya no reías
bajo el sol de estío,
ni resplandecías de oro y de rocío
y saliste corriendo del río
y llenaste mis manos vacías…

Y al sentir tu cuerpo tan cerca y tan mío,
al vivir en tu amor un instante
más allá del placer y del hastío,
vi pasar la sombra de una nube errante,
de una nube fugaz sobre el río…

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Segundo Poema del Río ( José Angel Buesa )

enero 16, 2009 at 4:42 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

                         I

Ibamos en la noche con tu sueño y el mío,
donde empiezan tus ojos y termina la sombra.
Y allá, bajo los puentes iba cantando el río
la inquietud que se olvida y el dolor que se nombra.

Vivir es una ciencia, pero amar es un arte
y puesto que quien ama va viviendo su muerte,
nadie sabrá que un día te besé sin besarte
ni que te he poseído también, sin poseerte.

Y supe que la nieve puede ser una brasa
aquella tibia noche de silencio y de seda
y que antes que una nube fugitiva que pasa
quiero ser en tu vida la raíz que se queda.

                         II

Ibamos en la noche con tu sueño y el mío
y la luna crecía como si nos mirara,
mientras junto a nosotros iba cantando el río
todo lo que callábamos bajo la noche clara.

El amor, que embellece todas las cosas bellas
sobrevive a las culpas, pero no a los reproches
y yo seré en tu vida como son las estrellas
que durarán brillando lo que duran las noches.

Y amaré en tu sonrisa todo lo que tú amas
para que tus recuerdos se unan a mis olvidos,
al igual que esos árboles que enlazaron sus ramas
y que unidos florecen hasta morir unidos.

                         III

Es dulce ir en la noche con tu sueño y mi sueño
y sentir que mi mano te besa si te toca
y es grande esta ternura de sentirse pequeño
cuando el sueño termina donde empieza tu boca.

Y ver crecer la noche temblorosa de frío
en esta sofocante plenitud del verano,
oyendo el melancólico monólogo del río
que dice dulcemente lo que callas en vano.

Y luego estar contento y a la vez estar triste,
viendo pasar el agua sin que nunca esté ausente;
mujer que estás conmigo después que ya te fuiste,
pues te vas y te quedas, igual que la corriente….

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Poema del Río ( José Angel Buesa)

enero 16, 2009 at 4:29 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

poema-del-rioUnicamente el río conoce tu secreto,
ese secreto tuyo que es un secreto mío.
El río es como un hombre de corazón inquieto
pero el amor se aleja, como el agua del río.

Unicamente el río nos vio por la vereda
y el rumor de sus aguas era como un reproche.
Tu piel era más blanca bajo la negra seda,
como el deslumbramiento de la nieve en la noche.

No importa que huya el agua como un amor de un día;
mi amor, igual que el río, se quedará aunque huya.
Unicamente el río supo que fuiste mía
para que mi alma fuera profundamente tuya.

El río es como un viaje para el sueño del hombre
y el hombre es, como el río, un gran dolor en viaje.
Unicamente el río te oyó decir mi nombre
cuando las hojas secas decoraron tu traje.

Sí. El río es como un hombre de corazón inquieto
que va encendiendo hogueras y se muere de frío.
Unicamente el río conoce tu secreto.
Unicamente el río.

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Ella Amará a Otro Hombre ( José Angel Buesa )

enero 10, 2009 at 10:02 pm (JoséAngelBuesa, Poemas)

Después de tantos días, aquí les dejo uno de mis poemas favoritos

ella-amara-a-otro-hombreElla amará a otro hombre.
Yo voy lejos, andando hacia el olvido.
Y puede suceder que alguien me nombre
pero ella fingirá no haber oído.

Ella amará a otro hombre: el tiempo pasa
y el amor finaliza,
y es natural que lo que fue una brasa
acabe convirtiéndose en ceniza.

Aunque nadie lo quiera,
envejecen las vidas y las cosas,
y es natural también que en primavera
los rosales den rosas.

Es natural. Por eso,
ella amará a otro hombre, y está bien.
No sé si ya olvidó mi último beso,
ni me importa con quién.

Pero quizás, un día,
oyendo una canción,
sentirá que esa vieja melodía
le cambia el ritmo de su corazón.

O será algún vestido
que yo le conocí,
o el olor del jardín cuando ha llovido,
pero algún día ha de pensar en mí.

O puede ser un gesto,
un modo de mirar,
o ciertas calles, o un botón mal puesto,
o una hoja seca que voló al azar.

Y de alguna manera
tendrá que recordarme, sin querer,
escuchando unos pasos en la acera
como los míos al atardecer.

Será en algún momento,
no importa cuándo o dónde, aquí o allá,
porque el amor, por parecerse al viento,
parece que se ha ido y no se va.

Y si en ese momento ella suspira
y él pregunta por qué,
le tendrá que inventar una mentira
para que nunca sepa por qué fue.

Y él no verá esa huella,
eso tan mío en lo que ya perdí;
Y, aunque la pueda amar más que yo a ella,
ella no podrá amarlo más que a mí!…

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Soneto Lloviendo (José Angel Buesa)

diciembre 14, 2008 at 3:30 pm (JoséAngelBuesa, Sonetos)

soneto-lloviendoNo hace falta que llueva como llueve este día,
y, sin embargo, llueve desde el amanecer.
Si hay rosas y retoños, ¿para qué llovería?
Si ya todo florece, ¿qué más va a florecer?

Llueve obstinadamente y en la calle vacía
las gotas de la lluvia son pasos de mujer.
Pero cierro los ojos y llueve todavía
y al abrirlos de nuevo no deja de llover.

Yo sé que no hace falta que llueva, pero llueve.
Y recuerdo una tarde maravillosa y breve,
que fue maravillosa porque llovía así…

Y es tan triste, tan triste, la lluvia en mi ventana,
que casi me pregunto, dulce amiga lejana,
si no estará lloviendo para que piense en ti.

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